Fiesta de la Sagrada Familia

icono_sagrada_familiaEl matrimonio y la Familia es como es.

Recuerdan los prelados que el matrimonio y la familia (hombre y mujer, unidos para siempre y abiertos a la procreación y educación de os hijos) es una institución inscrita en la Ley Natural y no un mero fenómeno cultural sujeto a cambios esenciales:“Las raíces más hondas de la familia se encuentran en Dios creador, que hizo al hombre a su imagen, le llamó al amor y a la comunión, e hizo fecunda su unión en los hijos (…) El amor conyugal es (…)una llamada a la comunión y a la transmisión de la vida (…) La familia tiene en sí misma una rica potencialidad, al ser una institución sólidamente arraigada en la naturaleza misma del hombre”. Se recuerda el pasaje de la Escritura que afirma que Dios “los creó hombre y mujer y los bendijo diciendo: creced y multiplicaos, llenad la tierra”(Gn 1,27-28). Apoyada en ese cimiento natural, “la familia cristiana tiene, además, la gracia del Espíritu Santo que recibió en el sacramento del matrimonio, y que nunca le faltará en el cumplimiento de su vocación y misión. Las más hondas raíces del matrimonio y la familia están en Dios”.

La familia se encuentra hoy con graves desafíos.

Se apunta la causa existencial del actual descalabro familiar al afirmar que, como nadie da lo que no tiene, “quien fue primero hijo querido por sus padres, descubre después el amor esponsal que le lleva a la entrega; luego, será padre responsable y amoroso”.

Ciertamente, la institución familiar experimenta una preocupante fragilidad, pues se levantan cada vez más graves amenazas tanto en el terreno práctico, filosófico y moral, así como en algunas legislaciones civiles. Sobre la base de un falso concepto de libertad (hacerlo que me de la gana), algunos intentan imponer falsos conceptos de matrimonio y de familia, olvidándose de la verdad sobre la naturaleza y dignidad de la persona humana: ¡De toda persona!

“No rompáis vuestras raíces cristianas”.

En su última visita a España en Mayo pasado, Juan Pablo II hacía una firme llamada: “No rompáis vuestras raíces cristianas”, y anunciaba, después, con convicción: “Surgirán nuevos frutos de santidad si la familia sabe permanecer unida, como auténtico santuario del amor y de la vida”.

Los Obispos, recurriendo al bello símil vegetal que sugiere, dicen que “el árbol genealógico de cada uno de nosotros tiene un tronco, nuestros padres; y unas raíces, nuestros abuelos, bisabuelos, etc. Las ramas necesitan un tronco fuerte, –un matrimonio que viva un amor plenamente humano, total, fiel y fecundo– y unas raíces hondas que aporten la savia necesaria de los valores y el sentido de la vida, heredados de su mejor tradición y de la experiencia de los antepasados. Estas raíces están vivificadas por el amor de Dios “de quien procede toda paternidad (…) Así, el hombre mantendrá en pie su dignidad, será un árbol capaz de soportar los embates del viento y las tormentas, si la familia sabe transmitir y vivir la fe en Dios y el amor al hombre, en la verdad, la libertad verdadera, la defensa del más débil, el esfuerzo por la paz y la justicia, el amor al bien y la belleza”.

En el contexto de la reciente visita de la reliquias de Santa Teresita del Niño Jesús a España, los prelados recuerdan el aleccionador ejemplo de la influencia de la vida familiar en la santidad de esta gran mujer que, hablando de sus padres, escribe con santo gozo en su Historia de un Alma: “El buen Dios me ha dado un padre y una madre, más dignos del cielo que de la tierra (…) Yo escuchaba, en efecto, pero confieso que miraba más a menudo a mi padre que al predicador. ¡Me decía tantas cosas su hermoso rostro! Se le llenaban a veces los ojos de lágrimas, y en vano procuraba contenerlas. Cuando escuchaba las verdades eternas, se diría que no habitaba ya en la tierra; su alma parecía arrobada en otro mundo”. Con unos padres así, de estas raíces, creció en muy pocos años una gran santa.

Respeto y cuidado de la vida humana. “El niño Jesús crecía en edad, sabiduría y gracia”.

Afirman los Obispos que “los hijos son el fruto del amor de los esposos. La vida humana es un don recibido, para ser a su vez dado. En la procreación de una nueva vida, los padres acogen al hijo como el fruto de su entrega amorosa. El hijo es fruto del amor de los esposos. Y es, también, don de Dios que los esposos han de cuidar y proteger, para que crezca, como el Niño Jesús, <<en edad, sabiduría y gracia, ante Dios y ante los hombres>>” (Lc 2,52).

La Madre Teresa de Calcuta, elevada a los altares en Octubre pasado, escribió: “Es maravilloso pensar que Dios ha creado a cada niño, que Dios ama a cada uno. Leemos en la Sagrada Escritura: ‘Aunque una madre se olvide del hijo de sus entrañas, yo no te olvidaré’. Te llevo grabado en la palma de mi mano. Y te he llamado por tu nombre (…) Toda vida pertenece a Dios. El aborto mata la paz del mundo… Es el peor enemigo de la paz; porque si una madre es capaz de destruir a su propio hijo, ¿qué me impide matarte? ¿Qué te impide matarme? Ya no queda ningún impedimento”.
Respecto al gran número de abortos que se ejecutan en madres adolescentes, dice la Santa de los más pobres: “A vosotros jóvenes os digo: vosotros sois el futuro de la vida familiar; sois el futuro de la alegría de amar. Mantened la pureza, mantened ese corazón, ese amor, virgen y puro, para que el día que os caséis podáis entregar el uno al otro algo bello: la alegría de un amor puro. Pero, si llegáis a cometer un error, os pido que no destruyáis al niño, ayudaos mutuamente a querer y acoger a ese niño que aún no ha nacido. No lo matéis, porque un error no se borra con un crimen”.
Cuando le dicen a la Madre Teresa que hay demasiadas criaturas en la India, ella responde: “¿Piensa usted que hay demasiadas flores en el campo? ¿Demasiadas estrellas en el cielo? Mire a esta niña, es portadora de la vida, ¿no es una maravilla? ¿Cómo no quererla? El aborto es un homicidio en el vientre de la madre. Una criatura es un regalo de Dios. Si no quieren a los niños, dénmelos a mí”.

En su conclusión, los Obispos afirman: “A la familia de Nazaret encomendamos, una vez más, nuestras familias para que se mantengan unidas en el amor y produzcan abundantes frutos de santidad. A María y a José, que vieron amenazada la vida del hijo, apenas nacido, le pedimos por todas las madres tentadas de abortar, les encomendamos la causa de la vida. Y en este año, queremos también invitar a todos los que amais el matrimonio, la familia y la vida, a pedir la intercesión de Santa Teresa del Niño Jesús y de la Beata Madre Teresa de Calcuta a favor de todas las familias y de todos los niños, también de todos los no nacidos”.

Ángel Sánchez Solís
Párroco