Ingeniería genética: La bella y la bestia.

adnSeguro que habremos oído hablar a menudo de la clonación humana, de la elección del sexo y otras características del futuro hijo, de la experimentación con embriones congelados, etc. Todo esto es posible gracias al maravilloso desarrollo de la llamada “ingeniería genética”, lo cual supone un poder enorme en las manos del hombre.

Pero como ocurre en otros campos de la ciencia y de la técnica (pongamos, por ejemplo, la física nuclear) ese poder puede usarse para el bien y provecho de todos (una energía alternativa, remedio contra el cáncer, etc.),  o para el mal y el negocio de los pocos “de siempre”. Es claro que no todo lo que “se puede” hacer “se debe” hacer, pues si así fuera hace tiempo que la energía atómica (en la sugestiva forma de bombas termonucleares y en manos incontroladas) hubiese acabado con nuestro planeta.

¿Quién, pues, deberá controlar y garantizar el mejor uso de este “gran poder” en manos del hombre? ¿Ése hasta hace poco inimaginable “poder constructivo” (diagnostico y curación de enfermedades ya en la fase embrionaria de la persona humana, incluso la intervención en los genes defectuosos causantes de futuras patologías, etc.) o “poder destructivo” (clonación de seres humanospara ser usados como “esclavos” o mero banco de órganos o “caja de repuestos” de tejidos orgánicos para transplantes, etc).

–La “Bioética”: esta es la ciencia con tal misión.

Lejos de estar al libre arbitrio de opiniones cambiantes, la ingeniería genética es un campo científico positivo y objetivo, que no puede existir ni desarrollarse coherentemente si se aislase del conjunto de las otras ciencias, sino en estrecha armonía con estas. Tenemos que ser muy honestos para no sembrar la confusión en la opinión pública (¡Vaya, en la gente!) con el falaz argumento de que una absoluta y aséptica libertad científica en aras de la investigación, descartaría la intervención de las voces de la ética, la conciencia moral , la dimensión religiosa o la misma fe cristiana. Éstas son a menudo presentadas demagógicamente como freno represor y no como verdaderos centinelas del auténtico desarrollo humano, desempeñando el insustituible papel de fiscalizar el riguroso respeto de los inalienables derechos de la persona.. Bajo el iluso sofisma de una supuesta ilimitada libertad científico-técnica, nos veríamos arrastrados por las mismas “razonadas sinrazones” con las que quisieron justificar, y por la misma “regla de tres”, las injustificables y salvajes practicas del régimen Nazi por medio de su tristemente famoso “Doctor Muerte” quien utilizó un gran número de judíos como “cobayas humanas” en aras de unas supuestas “investigaciones para el desarrollo de la medicina”.
Dada la desmesurada importancia de lo que la humanidad se juega en estas cuestiones, así como la general ignorancia que solemos tener de ellas, nos proponemos abordar periódicamente algunos de los temas más candentes de Bioética acudiendo, para ello, a las firmas más acreditadas a nuestro alcance.
Así, hoy abordaremos el tema de las “células madre”, campo en el que, como en otros muchos de la ingeniería genética, sólo un pequeño paso separa el milagro y el horror, engendrar o matar. En otras entregas podremos informarnos sobre “las células madre y la diabetes”, “las células madre y las políticas de diversos Estados”, “el Embrión: ¿Ser vivo o “bola” de células?”, etc.

Ángel Sánchez Solís
Párroco