“La Concepción” 1929-2004.

LXXV Aniversario de la bendición del Templo Parroquial de Nervión
MEMORIA HISTÓRICA

CONSTRUCCIÓN DEL TEMPLO MONUMENTAL DEL BARRIO DE NERVIÓN, EN SEVILLA

El periódico diario católico de Sevilla, fundado por el Emmo. Sr. Cardenal Spínola, de santa memoria, y sostenido con gran generosidad por el señor Ilundain, decía en primera plana de su número del día 8 de noviembre de 1925 lo siguiente:


La iglesia del barrio de Nervión
Mañana se bendecirá y colocará la primera piedra. El constante celo del Emmo. Cardenal Ilundain, Arzobispo de Sevilla, en buscar la gloria de Dios en todas sus manifestaciones, y el santo empeño de procurar que las almas todas tengan con abundancia el alimento espiritual necesario para su salvación, le han movido a edificar en el barrio de Nervión una suntuosa y magnífica iglesia que será en tiempo no lejano la parroquia del ensanche. Sabido es que Sevilla, por su notorio y constante crecimiento de población, está extendiéndose por los suburbios. El Nervión es uno de los barrios más adelantados y donde las construcciones son más numerosas, y como quiera que allí van aumentando los vecinos considerablemente, ha tenido Su Eminencia la plausible idea de construir un templo para que aquéllos puedan satisfacer sin grandes molestias sus necesidades espirituales. Y como buen Pastor que ama a su grey, va a llevar ya a la práctica su loable proyecto, bendiciendo y colocando la primera piedra del nuevo templo mañana lunes, a las cuatro de la tarde.

El nuevo templo, que será digno de la personalidad artística de Sevilla, estará emplazado en la parte más elevada del Nervión, junto a la Gran Plaza, en la avenida que parte de la Cruz del Campo, y ocupará una superficie de 1046 metros cuadrados. Sus dimensiones serán 45’40 de largo por 23 de frente. Constará de una sola nave de 41 metros de largo, por 10 de ancho y 17 de altura, y exteriormente se elevará a 20 metros y la torre a 32. Adosadas al templo se construirán la casa parroquial y otras dependencias. Toda la obra será de ladrillo fino prensado, cubierto por el interior del templo. Tendrá el altar y cinco altares laterales, más otro que servirá de baptisterio. Su estilo será Renacimiento clásico, con alguna influencia que tuvo en Sevilla dicho estilo arquitectónico.

Ayer estuvimos viendo los planos, de los que es autor el notable arquitecto Don Antonio Arévalo Martínez, y quedamos admirados de la grandiosidad que tan necesario edificio va a tener, pues la nave se parece a la magnífica nave central de la Basílica de San Pedro, Roma. Su forma es la de la verdadera Basílica primitiva romana, aunque sin ábside, y tendrá amplios ventanales por donde entrará la luz a raudales, pero sin el descaro del natural, porque penetrará a través de finas y artísticas vidrieras de colores, también estilo Renacimiento, que le darán ese tono de recogimiento y piedad.

Esta nueva Iglesia, que el Cardenal Ilundain quiere inaugurar durante la Exposición Ibero-Americana, será dedicada a la Inmaculada Concepción, el dogma dulcísimo por antonomasia que tanta gloria dio a Sevilla, porque el defenderlo con tal ahínco se ganó el suave y honroso calificativo de ciudad marianísima; y la portada, que a juzgar por el plano será majestuosa, como salmo de David, lucirá una imagen de la Purísima y estará coronada por otra del Sagrado Corazón con los brazos abiertos, como llamando a las gentes a participar de sus ricos tesoros espirituales. Todas las autoridades y Congregaciones de Sevilla y numerosos fieles irán mañana a presenciar la memorable ceremonia de la bendición y colocación de la primera piedra de esta nueva casa de Dios, que tanto bien ha de reportar a aquellos vecinos y tanto ha de contribuir al hermoseamiento de la ciudad y a mantener su fama artística. Ya han comenzado las obras de los cimientos, y para el acto de mañana se ha colocado una cruz grande en el sitio donde estará el altar mayor, y todo lo que será recinto sagrado ha sido acotado con gallardetes y otros adornos.

El presupuesto de todas las obras será de millón y medio de pesetas, y comienzan costeándolas el Emmo. Cardenal Ilundain, esperando que los fieles y especialmente los feligreses de aquellos contornos, vengan en su ayuda, pues la carga ya se ve que es “pesaica”. Sevilla es muy cristiana, muy rica y muy espléndida, y confiamos que harán honor a esos tres “muy”. Todas las alabanzas merece esta iniciativa de nuestro Venerable Prelado, para quien la más grande preocupación es procurar el bien espiritual de sus hijos, como lo revela el hecho de que apenas constituido un nuevo barrio en Sevilla ha querido darle una nueva casa de Dios y una nueva puerta del cielo. –Ramón Resa>1.

Lo que antecede lo decía el redactor-jefe de “El Correo de Andalucía” la víspera de la colocación de la primera piedra, sin duda informado por el señor arquitecto o por la Casa constructora; ciertamente la información es seria y responde a la realidad.

El Prelado, que siempre vivía preocupándose por el mejor servicio de sus súbditos, al observar el constante crecimiento de Ciudad Jardín, como llamaban al barrio de Nervión, situado en la parte alta de sus afueras, junto a la carretera de Carmona y a la altura de la Cruz del Campo, pensó en levantar un magnífico templo que no desdijera de los artísticos de la ciudad, puesto que aquel ensanche sería su prolongación.

Encargó el estudio de los planos de dicho templo al notable arquitecto del Ayuntamiento de Sevilla Don Antonio Arévalo, quien recibió la comisión del Prelado con gran cariño e interés. Vio el templo parroquial de Umbrete, de una sola nave con capillas a los lados, que es uno de los mejores y de líneas más perfectas de los templos de la Archidiócesis, y después de maduro estudio y algunas consultas al Prelado, le facilitó unos planos, conforme a los cuales se ha construido; siendo una iglesia bonitísima, de una gran perfección en las líneas, de estilo greco-romano, construida por la empresa “Vías y Riegos”, establecida en Sevilla y dirigida por dicho señor Arévalo con el máximo cariño y competencia. Por no ofrecer el terreno garantías de gran solidez, por haberse abierto grandes grietas varias veces, le proyectó sin cúpula y poniendo una cimentación solidísima de ladrillo. El solar, que compró a la Inmobiliaria Nervión, para levantar el templo parroquial con sus dependencias y casa rectoral, tiene la forma de un rectángulo, que mide 45’40 metros de largo por 23 metros de ancho, con una superficie de 1.046’47 metros cuadrados. Puso la primera piedra el señor Ilundain el día 9 de noviembre de 1925, y fue solemnemente bendecida la iglesia construida el día 10 de mayo de 1929, habilitándose para que en ella pudieran celebrar los señores Sacerdotes que vinieran al Congreso Mariano Hispano-Americano que se inauguraba el día 15 de mayo de dicho año.

El “Boletín Oficial del Arzobispado” informaba de la ceremonia de la colocación de primera piedra, y decía así:

“El día 9 de noviembre, a las cuatro de la tarde, se celebró con toda solemnidad y brillantez el acto de colocar y bendecir la primera piedra de la magnífica iglesia que se levantará en el barrio de Nervión dedicada a la Concepción Inmaculada de María Santísima. Todo el recinto que ha de ser sagrado estaba acotado por gallardetes multicolores, y en el mismo sitio donde ha de estar el altar mayor se colocó una gran Cruz de madera. Desde momentos antes de comenzar la ceremonia fueron llegando los invitados y numerosos fieles que se estacionaban alrededor del terreno. Muchos vecinos del barrio fueron también a presenciar la colocación de la primera piedra de la que ha de ser su Parroquia, y para celebrar el acontecimiento vistieron los balcones de sus casas con colgaduras. Poco antes de las cuatro llegó el Emmo. Sr. Cardenal Ilundain acompañado de su mayordomo, Don Laureano Tovar, siendo recibido por las autoridades e invitados, mientras la banda municipal ejecutaba la Marcha Real.

Allí estaban el Alcalde, señor Vázquez Armero; el Presidente de la Diputación, Don José María López Cepero; el Ilmo. Sr. Vicario general, Don Jerónimo Armario; el Delegado de Haciendo, Marqués de Valde Iñigo; el Rector de la Universidad, señor Candau; el Teniente de Hermano Mayor de la Real Maestranza, señor Marqués de Alventos; el Comandante de Marina, señor Díez, y el Comisario de Policía, señor de Miguel. El Gobernador militar no pudo asistir por encontrarse enfermo, y el civil por estar en Madrid. También asistió una comisión del Cabildo Catedral y otra de la universidad Pontificia. Estaban asimismo el Juez eclesiástico Don José Holgado; los Capellanes Reales señores Noguera y Lazo; el Teniente Vicario castrense, señor Solanilla, con una comisión del Cuerpo eclesiástico castrense, y nutridas representaciones de la Universidad de Curas Párrocos, de todas las Órdenes religiosas de Sevilla y del Seminario. Asimismo estaba Don José María de Ibarra, el Marqués de Albudeite, Don Felipe de Pablo Romero y Don Pablo Armero, en representación de la Sociedad Inmobiliaria Nervión. El Arquitecto autor del proyecto de la iglesia, Don Antonio Arévalo, y don Félix de los Ríos Martín por la empresa constructora de “Vías y Riegos”.

A las cuatro y diez llegaron Sus Altezas Reales los Infantes Don Carlos, Doña Luisa y Doña Isabel Alfonsa, acompañados del Ayudante, Don Mario de la Escosura, siendo recibidos por Su Eminencia y demás autoridades a los acordes de la Marcha Real.

Inmediatamente el Cardenal Arzobispo de Sevilla revistióse de Pontifical y comenzó la ceremonia, asistido por el señor Deán, Don Luciano Rivas, que actuó de Presbítero Asistente, y por los Canónigos señores Sánchez y Santos, con traje coral, y por los Beneficiados señores Díaz, Pabón y Marín. Primeramente se bendijo ante un altar colocado “ad hoc” con una imagen de la Purísima Concepción el agua y el lugar donde ha de estar el altar mayor.

Para presenciar esta ceremonia, Sus Altezas Reales y las autoridades ocuparon un estrado que se colocó enfrente donde aquélla se celebraba. Cantó los salmos en gregoriano la Schola Cantorum del Seminario y Universidad Pontificia.

El Prelado descendió, precedido de la Cruz y ciriales y demás asistentes, adonde se encontraba la primera piedra, y procedió a la bendición, rociándola con agua bendita y haciendo en los cuatro lados de la misma, con un punzón, la señal de cruz, siendo presencia esto por las autoridades desde arriba; inmediatamente subieron, y ante el altar, e hincados de rodillas todos los circunstantes, se cantaron semitonadas las letanías de los santos. Apenas acabaron las letanías, nuevamente el señor Cardenal descendió a la zanja donde había de colocarse la piedra. El arquitecto designó el sitio y se colocó conforme el orden del Pontifical romano, echando el Prelado una paletada de cemento, operación que también hicieron Sus Altezas Reales, y entonces éstas y el señor Arzobispo tiraron del diferencial, que estaba revestido de una cinta de seda color rosa, y la piedra quedó en su sitio. Momentos antes se firmó el acta por el Emmo. Cardenal Ilundain, por los Infantes Don Carlos, Doña Luisa y Doña Alfonsa, y por las autoridades que asistían a la ceremonia; el acta, juntamente con una medalla con el busto de Su Santidad en el anverso y la efigie de los santos canonizados en este año jubilar en el reverso, se guardó en una cajita de zinc, que se estañó y colocó en una abertura hecha en el centro de la primera piedra. También se pusieron en dicha cajita un número del “Boletín Oficial del Arzobispo” y un número de “El Correo de Andalucía” que contenía el artículo del señor Resa sobre la futura iglesia. Seguidamente el señor Cardenal, precedido de la Schola Cantorum y demás Sacerdotes revestidos recorrió todo el recinto y lo bendijo, y al final se cantó el “Veni Creator”, dando Su Eminencia la bendición de los fieles.

El Cardenal, antes de despojarse de los sagrados ornamentos, pronunció un elocuente discurso alusivo al acto, diciendo que se acababa de colocar la primera piedra para levantar un templo en la barriada de Nervión, nuevo pulmón de nuestra hermosa ciudad, que había de contribuir poderosamente a su bienestar y a su embellecimiento. La necesidad que tiene Sevilla del ensanche de su población le hizo concebir el proyecto de levantar una nueva iglesia, para que por encima de las nuevas casas se destaque la Cruz y tengan los vecinos una casa adonde vayan a ofrendar sus oraciones y plegarias y den gloria a Dios, cuya potestad está sobre todos los poderes de la tierra. Manifiesta el señor Ilundain la honda satisfacción que siente por el acto realizado; satisfacción que se ve aumentada por la presencia de los Augustos Infantes de España y de las autoridades locales y provinciales, así como del pueblo, que en gran número han acudido a dar realce a la ceremonia trascendental por el fin que se propone. “Esta piedra –dice- que se ha colocado es piedra fundamental que simboliza a Jesucristo y a su santa doctrina, única base sólida de la sociedad”.

Explica el motivo de la dedicación de la iglesia a la Virgen Inmaculada, diciendo que no podía faltar una iglesia con este título en la patria de Murillo, y en donde el mago del buril, Montañés, se actuó con tanta maestría y perfección; en la ciudad de los fervientes devotos de la Inmaculada Concepción. Con frases vibrantes excita el doctísimo Prelado a cantar el himno al Señor, ofreciéndole el homenaje de nuestra fe y de nuestra religiosidad, y pidiéndole que derrame sus bendiciones sobre España, sus Católicos Reyes, sobre el Ejército, sobre sus Infantes, que tanto se desvelan por cuanto redunda en beneficio moral y material de Sevilla; sobre todo el pueblo sevillano, sobre esta barriada pintoresca, que verá en no lejanos días levantarse majestuosa una nueva iglesia en la que encuentren sus vecinos el alimento de sus almas y sea cono voz constante que les impulse a enderezar siempre sus pasos por el camino del bien. Hace el Cardenal una bellísima explicación del Salmo “Laetanus sum in iis quae dicta sunt mihi; in domun domini ibimus”, y termina diciendo que espera que con la ayuda y cooperación de todos será pronto un hecho la construcción del templo; finalmente, el señor Ilundain dio su bendición a los asistentes al acto.

Los Infantes fueron despedidos por las autoridades; el acto, en suma, revistió caracteres de extraordinaria solemnidad; las casas del barrio aparecían con colgaduras en honor a la ceremonia y al Prelado. El Prelado recibió muchas y muy expresivas felicitaciones por haberse acometido una obra de tanta trascendencia y tan necesaria para el servicio espiritual de una feligresía ya tan numerosa. Realmente fu un día de júbilo para los moradores del barrio de Nervión y de gran consuelo para el virtuosísimo y celoso Prelado, que tanto se desvive por sus súbditos. (1)

Organizó los trabajos con gran intensidad en la construcción de la nueva iglesia, y como si hubiera medido el tiempo, la tuvo en condiciones para inaugurarla con motivo del Congreso Mariano, y así nos refiere el “Boletín Oficial del Arzobispado”.

“Conforme estaba anunciado, se celebró el viernes día 10 de mayo a las diez y media de la mañana, la solemne bendición de la nueva parroquia de la Santísima Virgen en el misterio de su Inmaculada Concepción, que se levanta en el barrio de Nervión, que es uno de los ensanches de Sevilla. Aunque quedaban por terminare pequeños detalles, quiso Su Eminencia bendecir la iglesia con objeto de quedar habilitada antes del Congreso Mariano y poder celebrar en ella los Sacerdotes, cuyo alojamiento en Sevilla se encuentre cercano a la nueva Parroquia. Esta ha sido construida conforme al proyecto del arquitecto Don Antonio Arévalo, encargado dela obra. Es realmente suntuosa. En el retablo provisional de la iglesia –el definitivo, de mármol, tardará poco tiempo en ser colocado-se venera bellísima imagen de la Inmaculada Concepción. En el frontis del edificio, en su hornacina, hay otra imagen de la Inmaculada, cuyo autor es el famoso Alonso Cano. La primera piedra fue colocada en noviembre de 1925, y en el día 10 del corriente de 1929, el Rvdmo. Prelado tuvo la intensa satisfacción de ver terminada su obra, en la que había puesto noble empeño y celo ardoroso.

Al acto asistieron con el Emmo. Sr. Cardenal Arzobispo el señor Deán de la Catedral y los canónigos señores Laureano Tovar y Don francisco Marín; los Beneficiados señores Arnósa y Terol y otras personalidades eclesiásticas. Ofició de Pontifical en la ceremonia de la bendición el señor Cardenal Ilundain, quien después asistió de medio Pontifical desde el trono a la misa solemne. Celebró ésta el Cura Ecónomo nombrado por el Prelado, asistido de los señores Curas de San Roque y de San Bernardo, de cuyas feligresías se ha formado la nueva Parroquia. Terminada la misa se expuso su Divina Majestad, entonándose por su Eminencia Solemne “Te Deum” en acción de gracias. Al Evangelio, el Reverendísimo Prelado dirigió su autorizadísima palabra a los fieles en una plática alusiva al acto que se celebraba, encareciendo mucho la asistencia al templo; el cumplimiento de los deberes sagrados y el respeto a la casa de Dios. La parte musical estuvo a cargo de la Schola Cantorum del Seminario, dirigida por el notable maestro de la Capilla de la Catedral de Burgos don Leocadio Hernández, que vino al Congreso Mariano.

Al acto, que resultó solemnísimo, asistió una nutrida comisión de la Universidad de señores Curas Párrocos, integrada por los Párrocos de Santa Cruz, San Julián, San Isidoro y San Andrés.