PUER NATUS EST NOBIS

murillo_adoracic3b3n“in splendoribus sanctis, ex utero ante luciferum genui te” Salmo 110, 3

 

 

 

Hoy, queridos hermanos, ha nacido nuestro Salvador; alegrémonos. No puede haber lugar para la tristeza, cuando acaba de nacer la vida; la misma que acaba con el temor de la mortalidad, y nos infunde la alegría de la eternidad prometida.

Nadie tiene por qué sentirse alejado de la participación de semejante gozo, a todos es común la razón para el júbilo: porque nuestro Señor, destructor del pecado y de la muerte, como no ha encontrado a nadie libre de culpa, ha venido para liberarnos a todos. Alégrese el santo, puesto que se acerca a la victoria; regocíjese el pecador, puesto que se le invita al perdón; anímese el gentil, ya que se le llama a la vida. Estando nosotros muertos por los pecados; nos ha hecho vivir con Cristo, para que gracias a él fuésemos una nueva criatura, una nueva creación.

Despojémonos, por tanto, del hombre viejo con todas sus obras y, ya que hemos recibido la participación de la generación de Cristo, renunciemos a las obras de la carne.

Reconoce, cristiano, tu dignidad y, puesto que has sido hecho partícipe de la naturaleza divina, no pienses en volver con un comportamiento indigno a las antiguas vilezas. Piensa de qué cabeza y de qué cuerpo eres miembro. No olvides que fuiste liberado del poder de las tinieblas y trasladado a la luz y al reino de Dios. (Ex Sermónibus sancti Leónis Magni papæ (Sermo 1 in Nativitate Domini, 1-3: PL 54, 190-193)

Descripción del nacimiento de Jesús según la Beata Anna Katharina Emmerick del libro “Vida de María Madre”.

María pidió también a José que rezara con ella por las gentes, que a causa de la dureza de sus corazones, no habían querido darles hospitalidad. Cuando la virgen le indicó que ya se acercaba la hora, instándole a ponerse en oración, José colgó del techo varias lámparas encendidas, y salió de la gruta porque había escuchado un ruido en la entrada. Cuando volvió vio a la virgen rezando de rodillas sobre su lecho, vuelta de espaldas y mirando al oriente.  Le pareció que toda la gruta estaba en llamas, y que María estaba rodeada de una luz sobrenatural. Lleno de santo temor, se arrodilló y se prosternó hasta el suelo orando.

Poco después vi al niño que se movía y le escuché llorar. En ese momento fue cuando María pareció volver en sí misma, y tomando al Niño, lo envolvió en el paño con el que lo había cubierto, y lo tuvo en sus brazos estrechándolo contra su pecho. Cuando había transcurrido una hora desde el nacimiento del Niño Jesús, María llamó a José, que aún estaba orando con el rostro pegado a la tierra, y éste acercándose, se prosternándo lleno de júbilo, de humildad, y de fervor.

Arregló un pesebre con pajas, plantas hermosas, una colcha, y colocaron al niño en el. Después, permanecieron los dos a ambos lados, derramando lágrimas de alegría y entonando cánticos de alabanza.

Vi en muchos lugares, hasta en los más lejanos, una insólita alegría, y un extraordinario movimiento. He visto los corazones de muchos hombres de buena voluntad reanimados por un ansia plena de alegría, y por el contrario, los corazones de los perversos llenos de temores. Incluso observé alegría en los animales manifestada en sus movimientos y brincos. También las flores levantaron sus corolas, y las plantas y árboles tomaban nuevo vigor y verdor, y esparcían sus fragancias y perfumes. Igualmente vi que surgían fuentes de agua que brotaban de la tierra.

Tras el Nacimiento de Jesús vi tres pastores muy impresionados ante el aspecto de aquella noche tan maravillosa, observaban asombrados una luz extraordinaria situada sobre la gruta del pesebre.